El amor no tiene cura pero es lo único que cura

Foto: Itziar Vázquez

“El amor no tiene cura pero es la única medicina para todos los males”, decía Konrad Adenauer, político alemán, quien junto a su contraparte francés Robert Schuman lograron sentar las bases de la actual Unión Europea y colaborar así a que la Europa de la posguerra se levantara sostenida de los valores comunes que comparten los diferentes países del continente. 

Pues así como un continente devastado puede encontrar una ayuda útil a su realidad en los valores, que bien son una expresión del amor, también un municipio en México, incluso en extrema pobreza, puede apoyarse para mejorar, en la vivencia de éstos. 

Con la noción de la importancia de los valores, la voluntaria de inmersión de Encuentro con México (EM), María de los Ángeles Hermenegildo Flores comentó la serie de valores que ella y sus compañeros buscaron transmitir en su año de estancia en la comunidad de Itia Thio en Cochoapa el Grande, Guerrero, el cual cuenta con altos índices de pobreza extrema.

Vivencia 

María de los Ángeles señaló que uno de los valores a trabajar fue el de la solidaridad aunque reconoció que los voluntarios sólo brindaron los medios para que se profundizara “porque ellos ya lo traen arraigado” y lo ejemplificó con la ayuda que brindó la comunidad en la construcción de la casa del voluntario y de otras dos para habitantes de la comunidad. 

Sin embargo un punto en el que debieron insistir es en el que si en ese momento a algunos no les correspondía ser ayudados comprendieran que después podían ser ellos los beneficiarios. 

Otro de los valores que priorizaron fue el respeto; entre los niños, entre hombres y mujeres o “en el matrimonio incluso.” Indicó también que hubo un momento en el que la gente les solicitó a los voluntarios que no les tomaran fotos, lo que comprendieron y asumieron con el respeto que debían a sus anfitriones.

“El tema de confianza también era mucho lo que tratábamos de promover” señaló María de los Ángeles pero no sólo entre los adultos sino propiciando que los padres de familia la infundieran en sus hijos. 

Honestidad. La vivencia de este valor ha sido muy particular porque ha sido completamente recíproca, de los voluntarios a la comunidad y viceversa, explicó la voluntaria.

Como explicamos en la primera entrega de la entrevista dada por María de los Ángeles Hermenegildo, por los sacrificios que implican alimentar a los voluntarios es un criterio consumir la comida que les ofrece la comunidad sin embargo si había alguna enfermedad, honestamente le pedían a la señora que les daba de comer una cantidad menor. 

El perdón fue otro valor que buscaron trabajar en la comunidad, la voluntaria de inmersión compartió que en una ocasión tras una mala pasada ocasionada por los chicos no jugaron con ellos hasta que fueran honestos y al tiempo los pequeños acudieron a pedir disculpas y ellos también les explicaron y se disculparon si su actitud fue demasiado fuerte.

Beneficios

“Ya al final tuve sentimientos encontrados porque de repente me cuestionaba  si llevarles las cosas que nosotros creíamos que ellos necesitaban era lo ideal o si necesitábamos todavía terminar de conocer y comenzar por cosas básicas”, comentó María de los Ángeles Hermenegildo. No obstante lo anterior comentó algunos de los cambios positivos que pudo observar en la comunidad que se concretaron con el apoyo de los jóvenes de Encuentro con México.

Nuestra voluntaria señaló que algunos de esos cambios refieren a que los habitantes de Itia Thio comenzaron a valorar su trabajo y también a realizar las tareas de las sesiones del taller de “Crianza con ternura.”

Sobre el tema del respeto indicó que fue muy importante que junto con los niños implementaron dar un peso por cada mala palabra dicha y así otros niños exigen a quien diga alguna entregar ese peso. La cantidad que se recaude servirá para comprar cosas para los mismos niños. 

Por otro lado el tema de la educación está permeando considerablemente en Itia Thio. María de los Ángeles Hermenegildo señaló que uno de los “tatas” (jefes de familia) está muy involucrado con la educación de su hija. Por mediación de EM una joven de la comunidad se inscribió en el internado “Villa de las niñas”, institución que brinda educación básica y bachillerato, y el padre de la pequeña está dispuesto a que concluya ahí su carrera técnica.

También se han observado cambios favorables respecto de la participación de las mujeres. La voluntaria señaló que tanto a ella como a otra de sus compañeras les era fácil estar con las mujeres pero ante la comunidad reunida la participación de ellas era muy escasa. No obstante el avance está en su presencia en las reuniones aunque aún hablen poco.

Fe

María de los Ángeles indicó que “estar ahí nos permitía que fuera más constante una catequesis”. Mencionó que si bien brindar amplias explicaciones sobre los temas de fe es difícil por la cuestión de la lengua, sí ha sido posible que miembros de la comunidad hayan aprendido a rezar el rosario y comentó con mucho gusto que las niñas hacían collares para la Virgen.

La voluntaria de EM notó justo gracias a estas actividades de devoción los ciclos de migración de la comunidad ya que en ocasiones participaba mucha gente y luego casi nadie asistía.

El fenómeno consiste en que mientras la mayoría de los pobladores salían de la comunidad a trabajar unos pocos permanecían en ella para después cambiar, por lo que en ciertas épocas “el pueblo se queda muy vacío.”

Éstas son algunas de las innumerables experiencias que vivió María de los Ángeles Hermenegildo, durante su voluntariado de inmersión en Itia Thio en el municipio de Cochoapa el Grande en Guerrero y que sirvió para descubriera su vocación profunda el desarrollo comunitario. 

“Me llena ensuciarme las manos, sembrar los rábanos con ellos y también hablarles de finanzas porque también para algo estudié mi carrera ¿no?” afirmó nuestra voluntaria.