Dan sin esperar nada a cambio…

Fotografía: Diego Gómez

 

Una joven que ha culminado la licenciatura lleva a cuestas 18 años de asistir a clases y aprobar cientos de materias de diferentes áreas. Pero el verdadero aprendizaje comienza en la vida real, en el contacto con los otros, en la resolución de problemas y la creación de vínculos duraderos.

Esto es lo que comprobó nuestra voluntaria de inmersión María de los Ángeles Hermenegildo, quien habiendo estudiado Finanzas y Banca tuvo muchos aprendizajes durante su año de estancia en Cochoapa el Grande, uno de los municipios con mayor pobreza en el país. Ángeles compartió con nosotros la experiencia que obtuvo y los sentimientos que generó en ella este periodo.

Aprendizajes

“Así vive el resto de mexicanos que no tienen la fortuna de vivir en donde tú estás”, señaló Hermenegildo Flores. como su primer aprendizaje tras contrastar su entorno con el de Cochoapa el Grande en Guerrero. Nuestra entrevistada señaló que en la escuela le enseñaron los niveles de pobreza pero de una forma muy teórica (nada mejor que la realidad para entenderla).

No obstante, aprendió que las personas de la comunidad de Itia Thio (comunidad perteneciente al citado municipio), poseen lazos familiares muy fuertes, de los que participa también la misma comunidad.

Dijo que reconoció nuevas forma de expresar el amor, ya que la barrera del idioma no importó, aunque la mayoría de los miembros de la comunidad hablan sólo mixteco y los voluntarios únicamente español. Destacó lo valioso que es que no dejen de utilizar su lengua, porque lo importante es: qué necesitan los habitantes de la comunidad y no lo que los agentes externos quieran ofrecerles.

Observó cómo los pobladores “dan sin esperar nada a cambio”; además, asimiló algunos aspectos de sus tradiciones y captó la manera en que están abiertos a aprender. 

Por otro lado señaló que también es cierto que la comunidad tiene otros problemas sociales más allá de la pobreza por ejemplo el alcoholismo o la violencia en la familia.

Así los voluntarios implementaron el taller “Crianza con ternura”, porque notaron que esos problemas parten en gran medida de la relación padres e hijos, pues aunque el amor filial existe, porque se nota en los sacrificios de los padres por sus familias, hay carencia de cierto tipo de expresiones como las caricias (aunque hallen otras formas de manifestación) o excesos en las reprimendas.

Nuestra voluntaria de inmersión notó cómo es que mujeres solas deben hacerse cargo del hogar ya que cuando sus esposos migran a trabajar a Estados Unidos se van sin la familia a diferencia de cuando lo hacen dentro del país.

Un hecho importante que distinguió Ángeles en su contacto con las jovencitas de la comunidad es que sin llegar a extremos como la anorexia se empiezan a preocupar si están “llenitas”.

Sentimientos generados

La experiencia en Itia Thio despertó en María de los Ángeles la necesidad de desarrollar la paciencia con ella misma, ya que comentó que nunca se había ido tanto tiempo de su casa ni desconectado de forma tan absoluta. 

“Aprendí a saber que son sus planes (los de Dios), no los míos, no los de la comunidad, incluso son sus tiempos, son sus formas”, dijo la voluntaria ya que la planificación de las acciones no se cumplen exactamente. Manifestó haber aprendido a dejar las cosas en manos de Dios, incluso a su familia así como otras preocupaciones.

No obstante también subrayó que su labor en la comunidad también se disfruta porque “tampoco es como un Calvario”.

María de los Ángeles Hermenegildo afirmó que “no es hacer una pausa en la vida, es un parteaguas… es imposible regresar a como estaba”. Y nos compartió una definición de esperanza, virtud en la que se apoyó durante aquel año, “es creer en la aventura del amor, confiar en las personas, dar un salto a lo incierto y abandonarse completamente en Dios.”

Señaló que se tiene que confiar en las personas de la comunidad, porque el objetivo es servir. Así agregó que fue objeto de muchos detalles de amor por parte de la comunidad, la cual los hizo parte de ellos mismos. A este respecto indicó que el reto era no olvidar el objetivo de los proyectos, comentó.

Nuestra colaboradora también experimentó la gratitud ya que en medio de múltiples carencias de todo tipo, la gente se privó de aquello que necesitaba para ofrecerlo a los voluntarios, incluso algo tan significativo como la carne que dejaban de darle a los niños para dársela a ellos. 

Por otro lado, la convivencia también generó respeto de parte de voluntarios a la cultura y tradiciones de la comunidad, así como hacia los límites que ellos les pedían mantener.

Estas acciones no están exentas de producir frustraciones y llanto “porque esa es la vida”, concluyó María Ángeles Hermenegildo. 

Si quieres, como nuestra voluntaria, aprender mucho más que sólo números o datos fríos y saborear lo que es una vida auténtica acércate y ten un Encuentro con México.